Viviremos en el espacio exterior, habrá colonias humanas en otros planetas y quizás hasta entablaremos relación con alinenígenas…son futuribles que cada vez son menos ciencia ficción. En esta edición en la que se cumplían los 25 años del Sónar, su hermano pequeño quería celebrarlo descubriendo con los visitantes cómo será la música y la tecnología en el próximo cuarto de siglo con el espacio exterior como eje conductor.  Tomando como guía e inspiración el proyecto “Sónar Calling GJ273b”, la primera serie de transmisiones de radio de la historia que ser está enviando a un exoplaneta potencialmente habitable, Sónar+D ha contado este este año con organizaciones líderes de la investigación espacial como la NASA. Organizaciones que han traído hasta Barcelona sus investigaciones sobre la democratización de los nanosatélites, la radioastronomía y la contribución al mapeado del Universo, en el caso del MIT Media Lab; o los proyectos a miles de años vista de The Long Now Foundation en un congreso que aspira a descubrir el futuro.

Con la NASA presente, este Sónar+D ha tenido como hilo conductor las posibilidades del arte en el espacio exterior. En este sentido, pudimos comprobar cómo sería movernos por un entorno de gravedad 0 de la mano de Zero Gravity Band, impulsada por Albert Barqué y Marc Marzenit y producida por Quoartis. Una experiencia que hasta ahora estaba reservada para astronautas y otros pocos elegidos. Para recrear esa sensación, estos catalanes han contado con una instalación artística sonora y lumínica 360⁰ de trece metros de diámetro, en la que los asistentes han podido experimentar lo que se siente en zonas de gravedad cero. Una sensación acentuada por el sistema de audio 3D inmersivo gracias al sistema Sfear creado por Eurecat. Construida en poliuretano y un tejido de nylon y al no necesitar alimentación continua se convertía en el escenario perfecto, para este proyecto. Incluso, para hacer la experiencia más inmersiva se ha diseñado el vestuario con el que podría viajar al espacio exterior, encargado a tres alumnos de Diseño de Moda del l’IED Barcelona Escola Superior de Disseny. Con esta iniciativa Barqué y Marzenit buscan investigar sobre las nuevas formas de creación en un escenario como en el espacio exterior. Un escenario que cada vez está más cerca. Otro de los grandes presentes en el Sónar+D fue Google, a través de Magenta, su programa que investiga cómo utilizar tecnologías como el machine learning en los procesos creativos. Un programa que este año ha dado un paso más y ha traído hasta Barcelona los primeros instrumentos.

Sin duda, una de las propuestas más originales en estos días fue la del estudio Playtronica. Sobre su mesa, piñas naturales, sensores, norias de colores y tocadiscos. Estos berlineses que conciben la creación musical como un juego, experimentan con la conductividad para producir música. Por ejemplo, si dos personas sujetan a la vez una barra con chips, se emitían sonidos cuando estas personas se tocaban entre sí. Música se generaba también al tocar las piñas o cuando los sensores de la noria reconocían un color determinado. En conjunto, una experiencia para los sentidos y una original pieza musical.

Desde algo más cerca, llegaba la propuesta Curiosibot. Haciendo gala a su nombre, fue otra de las iniciativas más curiosas del congreso, ya que eran los ‘trastos viejos’ los protagonistas. ‘Playing with trash’, algo así como ‘Tocando con basura’, proponía a los visitantes enfundarse un casco de realidad virtual para adentrarse en un escenario virtual donde practicar con diferentes instrumentos creados a partir de elementos reciclados como latas, una bicicleta o un antiguo teléfono.

La conquista del espacio se democratizará y un taller de nanosatélites impartido por el IEEC (Institut d’Estudis Espacials de Catalunya) fue la muestra. Basado en la plataforma CubeSat, se trata de un estándar cada vez más utilizado en las universidades y en las diferentes demostraciones tecnológicas. De hecho con esta actividad el IEEC quería dar a conocer los nanosatélites y demostrar que en un corto periodo de tiempo se pueden montar y simular los carios sistemas que lo componen. Los participantes contaban con las piezas de la estructura mecánica a escala real y su trabajo consistió en ensamblarlas junto con los componentes electrónicos. Mediante una interfaz web, los creadores podían leer las mediciones de los sensores como la presión atmosférica o la orientación. Como premio, el primer equipo que consiguió montar su nanosatélite pudo verlo volar por las instalaciones del Sónar+D a bordo de un globo de helio. Una experiencia positiva entre los participantes que provenían de áreas muy distintas y que ya esperan poder repetir la experiencia.

Un año más, uno de los espacios estrella ha sido la carpa Sonar360º by MEDIAPRO, una cúpula de 19 metros de diámetro donde se han proyectado piezas full dome que han atraído a miles de visitantes. Un espectáculo en sí mismo en el que grupos de 100 personas se tumban en el suelo para disfrutar de una experiencia inmersiva con piezas como Axioma o Memoire Concrete.

Y aunque se trata de un congreso futurista, siempre hay espacio para lo vintage, que al final, nunca pasa de moda. Y esa fue la propuesta de los alumnos de la escuela de diseño IED, que mezclaron todo un clásico como los discos de vinilo, con las nuevas tecnologías como la impresión 3D. Con BitBump el usuario puede imprimir una playlist en un vinilo físico, coloreado según el patrón de las canciones. Cuando el smartphone escanea el disco, una serie de nuevos contenidos aparecen en la pantalla.

En cuanto a las conferencias, destacó Mitchell Baker, cofundadora y directora de la Fundación Mozilla y responsable de The Glass Room Experience, una exposición que muestra la cara oculta de la tecnología que utilizamos día a día. Baker reflexionó sobre el futuro de Internet y de tecnologías como el machine learning o la Realidad Virtual y la necesidad de colocar al ser humano en el centro de las mismas. “¿Vamos a ser humanos adaptándose a las máquinas o creamos tecnología que haga las cosas que queremos como humanos?”, se preguntaba esta experta, quien también recriminó que la gran preocupación por la privacidad y el uso de los datos que queda en una amarga queja pero sin pasar a la acción.

Visitamos la The Glass Room Experience y salimos de allí con un kit de desintoxicación de datos en 8 días. Este “data detox Kit” es una guía para descubrir cuánta información nuestra hay en Google, cuánto usamos sus servicios y, por ejemplo, llama a aumentar la independencia de nuestros dispositivos móviles. Si me animo a probarlo, os contaré!

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