La ausencia de modelos femeninos a seguir es un problema que se retroalimenta: si las mujeres jóvenes de hoy no se animan a trabajar en ciberseguridad por falta de referentes femeninos, las mujeres jóvenes de mañana tampoco lo harán.

A esto hay que sumarle otros factores que impiden el incremento del número de féminas en el campo de la seguridad informática:

  1. La ciberseguridad es un ámbito cargado de estereotipos. Los medios de comunicación y el entretenimiento siguen contribuyendo a relacionar a los hackers con personas con pocas capacidades sociales e incluso con quienes llevan a cabo actos delictivos.
  2. Existe la errada idea de que se necesitan cualidades técnicas. La falta de experiencia en programación a temprana edad suele ser un factor determinante para que las mujeres jóvenes descarten carreras tecnológicas. Sin embargo, tal y como afirmó Silvia Barrera, destacada investigadora en el campo de la seguridad informática en España, recientemente:“La ciberseguridad necesita perfiles provenientes de distintos campos, no solo de la Ingeniería Informática. No solo es conveniente sino necesario”.

Hackear la diversidad de género en la ciberseguridad es a día de hoy una tarea imperiosa y urgente para las empresas e instituciones del sector. Y es que estamos hablando de un sector que en menos de cinco años necesitará cubrir casi dos millones de puestos de trabajo en todo el mundo. La cifra se dice pronto, pero de ella depende la seguridad de la información de sociedades cada vez más dependientes de la tecnología.

Pasar a la acción

¿Qué podemos hacer para que haya más mujeres en el sector de la seguridad informática?

Sin lugar a dudas, no hay atajos para cambiar situaciones que llevan tiempo entre nosotros, pero tampoco hemos visto nada que no se pueda transformar con la voluntad y la implicación de todos, empezando por los educadores (padres, madres, tutores, profesores…) que tienen el poder de despertar el interés de las jóvenes estudiantes por las llamadas carreras STEM, que engloban ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas.

A través de charlas de profesionales del sector donde expliquen su labor en las aulas; de visitas a empresas e instituciones dedicadas a la ciberseguridad, o incluso de programas y concursos enfocados a este ámbito, podemos hacerles descubrir la parte atractiva de esta profesión, así como del resto de las carreras técnicas.

Por otro lado, para cambiar la percepción que se tiene sobre la seguridad informática, necesitamos que los medios contribuyan a eliminar los clichés que carga el sector y cambiar la errónea imagen que se tiene de los hackers. Ya estamos dando pequeños pasos como la introducción de una segunda acepción en la definición de “hacker” que se encuentra en la RAE, haciendo alusión no solo a la persona que comete ciberdelitos, sino también al experto en seguridad de los sistemas informáticos.

El cambio de percepción que urge entorno a este sector también se produciría haciendo especial hincapié en que la labor de una persona que trabaja en ciberseguridad tiene un fuerte impacto y beneficio social. Recordemos lo tecnológicamente dependientes que somos, no solo los particulares, sino también las empresas e instituciones de cualquier tamaño y prácticamente de todos los ámbitos.

Convendría que las empresas e instituciones también tomaran la iniciativa para atraer y retener el talento femenino entre sus filas.

 Según la encuesta de 2017 “Global Information Security WorkforceStudy”, el 51% de las mujeres encuestadas que trabajan en ciberseguridad (la muestra fue de más de 19.000 profesionales) afirmaron haber padecido algún tipo de discriminación en el trabajo. El fomento de programas de formación y de las políticas igualitarias de promoción interna son las propuestas más demandadas dado que cambiarían la percepción del sector como uno menos hostil para la mujer.

Por último, aunque solo nos refiramos a este ámbito profesional, la brecha de género es un problema que afecta a otros sectores. Se han dado las circunstancias para que cada vez más voces se unan para poner fin a esta desigualdad, pero debemos recordar que tras la reivindicación, hombres y mujeres debemos ponernos manos a la obra para que llegue el día en el que dejemos de denunciar estas situaciones.

 

POR Sarah Santiago, Responsable de Comunicación de Open Data Security.

 

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